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¿Puede el daño psíquico convertirse en evidencia ante un tribunal?

Foto del escritor: Ps. Rodrigo Cortés
Ps. Rodrigo Cortés
25 ago
3 min de lectura

Hablar de daño psíquico en un proceso judicial no significa simplemente describir el sufrimiento de una

persona. La pregunta relevante es cómo ese impacto puede ser evaluado y fundamentado técnicamente para aportar elementos de análisis a una decisión judicial.

En este contexto, el peritaje psicológico cumple una función específica: evaluar, mediante una metodología profesional, aquellos aspectos psicológicos que pueden ser relevantes para el proceso y distinguir entre una apreciación subjetiva y evidencia psicológica técnicamente fundamentada.



¿Qué entendemos por daño psíquico?

El daño psíquico se refiere a una alteración o afectación en el funcionamiento psicológico de una persona que puede manifestarse en distintas áreas de su vida. Su evaluación requiere considerar tanto las características de la persona como los antecedentes y circunstancias que rodean los hechos que se investigan.

En un contexto forense, no basta con identificar la presencia de malestar emocional. Es necesario realizar una evaluación psicológica sistemática que permita analizar sus características, intensidad, evolución y relación con los antecedentes disponibles.


¿Cómo se evalúa el daño psíquico en un peritaje psicológico?

La evaluación del daño psíquico requiere una metodología que permita integrar distintas fuentes de información. El profesional analiza los antecedentes disponibles, realiza entrevistas y utiliza instrumentos de evaluación psicológica pertinentes al caso.

El objetivo no es confirmar previamente una determinada conclusión, sino examinar de manera técnica la información disponible y establecer qué hallazgos psicológicos pueden ser relevantes para las preguntas planteadas en el proceso judicial.

Por ello, un peritaje psicológico debe distinguir entre la existencia de síntomas o malestar psicológico y la posibilidad de establecer técnicamente su relación con los hechos que son materia de evaluación.


¿Cuándo el daño psíquico puede constituir evidencia?

El daño psíquico puede aportar elementos relevantes a un proceso judicial cuando ha sido evaluado mediante procedimientos técnicamente fundamentados y sus resultados permiten responder a las preguntas periciales planteadas.

Esto implica que no todo malestar psicológico constituye, por sí mismo, evidencia de un hecho determinado. La evaluación forense debe considerar distintas hipótesis, contrastar la información disponible y fundamentar sus conclusiones en los antecedentes obtenidos durante el proceso de evaluación.

En este sentido, el valor del peritaje no está simplemente en señalar que una persona presenta afectación psicológica, sino en aportar un análisis profesional que permita comprender sus características y relevancia en relación con las materias que debe resolver el tribunal.


El rol del perito psicológico no es decidir el caso

El perito psicológico aporta conocimientos especializados sobre aspectos psicológicos que pueden ser relevantes para un proceso judicial, pero no reemplaza la función del tribunal.

Su tarea consiste en evaluar, analizar y fundamentar sus conclusiones a partir de una metodología técnicamente sustentada. La determinación de responsabilidades y la valoración jurídica de los hechos corresponden a las autoridades competentes.

Esta distinción es fundamental: un informe pericial no busca entregar una opinión personal sobre quién tiene la razón, sino aportar evidencia psicológica que pueda ser considerada junto con los demás antecedentes del proceso.


Transformar el daño psíquico en evidencia psicológica

Convertir el daño psíquico en un elemento de evidencia requiere mucho más que identificar síntomas o describir el sufrimiento de una persona. Requiere una evaluación rigurosa, el análisis de los antecedentes disponibles y una metodología que permita fundamentar las conclusiones.

En un proceso judicial, el aporte del peritaje psicológico está precisamente en transformar información psicológica relevante en conocimiento técnico que pueda ser comprendido y valorado junto con los demás antecedentes del caso.

Por eso, un buen peritaje no consiste en confirmar una historia previamente establecida, sino en investigar y fundamentar técnicamente aquello que puede ser respondido desde la psicología.

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